lunes, 11 de enero de 2016

Día menos veinticuatro

No he sido nunca ferviente devoto de ídolo alguno aunque hay personajes históricos como Jesús y Ghandi de los que extraigo el color con los que pintar mi vida cotidiana. Hay uno mas que no está en los libros y aun así es el que mas me ha enseñado hasta ahora. Tiene una capacidad sorprendente de sanar heridas. Como terapeuta, consigue ponerme ante un espejo en los momentos mas críticos para poder ver mi actitud. Usando muy pocas palabras dice aquello que necesita mi alma oír en cada momento, como si la divinidad marcara el guion de su locución para sacarme de la oscuridad. Me enseñó a perdonar la mayor de las maldades porque el lo hace cada instante sin perder la sonrisa. A veces me siento abrumado con su presencia, otras....le cojo de la mano mientras paseamos y cada martes por la noche le cocino una pizza.

Se que hay terapias muy costosas económicamente. Yo pagaría con el aire que respiro si Él lo necesitará. Ya tiene 8 años y agradezco a Dios cada segundo que me concedió a su lado. 



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