jueves, 26 de julio de 2012

Día veintiseis

Cuando era pequeño y me sentía triste, buscaba el cobijo de mi madre la cual era capaz de transformar la mas atroz de las realidades, en un cuento de hadas con final feliz. No necesitaba hablar mucho, era suficiente con un abrazo, un beso y la ternura que desprendía para curar mi herida. Mi madre hace años que no está, pero aquella semilla germinó y hoy es un árbol.

La vida es para mi un camino lleno de lugares donde detenerme a observar. Da igual que sea agradable o no la parada, es una mas. Después continuo. Comprendo que debo experimentar la vida por mi mismo, aunque quiero alguien a mi lado para vivir dicha experiencia. Es bonito coger de la mano, dar un abrazo o recibir una sonrisa.

La felicidad solo es real cuando se comparte.

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