Por quitármelo de la cabeza, la cual atormentada está de seguir sobre los hombros que la sostienen, decido escribir esto en mi diario y que por suerte, con este acto voluntario, mi inconsciencia decidiera en favor mío, en vez de empeñarse con sorna en cegar todo atisbo de luz y claridad, los días que me fueron dados.
La felicidad, esta extraña forma de estar en el mundo que me es definitivamente ajena, hizo acto de presencia durante un tiempo indeterminado, para que viera a través de su escaparate, toda suerte de situaciones que mi cuerpo no reconocía como propias pero si disfrutaba como invitado. Debo decir que no vino sola, llegó de la mano de la persona que me enseñó a distinguirla, que me mostró con su presencia que es sentirse protegido, deseado, vivo y como pude amar por encima del dolor, por encima del miedo. Como pude amar y como a pesar de todo la amo.
Vislumbré dichosos días futuros gracias a ella y a su don de estar al mismo tiempo en diferentes planos, en los que la historia de mi vida parecieron tornarse felices, si esa vida hubiera sido a su lado. Por momentos sentí tocar el cielo con las manos, como lo era acariciar su pelo cano. Pero e aquí que algo dentro de mi brotaba, con tanta fuerza que las noches en vela las pasaba, en una guerra entre lo que ocurría en realidad, lo intuido o lo creado por un cruel imaginario, que intentaba acabar conmigo mientras me mostraba lo que mas podía hacerme daño.
¿Qué clase de locura parasita mi sesera y tiene como empresa acabar con quien la hospeda? ¿Qué semilla germina con tal fuerza dentro de mi, que a la altura de las zarzas en las fincas abandonadas o las cañas en las riveras la comparo?
Esas semillas dan vida al bosque que me acobijó del horror experimentado. Ese bosque oscuro y silencioso donde huía para que mi alma descansara de la batalla. Esas semillas brotaron para protegerme de un enemigo cruel aunque a estas alturas fuese imaginado. Brotaron no por lo que ocurría, sino para protegerme por si acaso, pues saben que la felicidad no estuvo nunca de mi lado. No tengo fuerzas más que para buscar resguardo, aunque al hacerlo pierda la suerte de ser amado.
Tengo la creencia y dios me perdone si yerro una vez más, que a veces no es necesario llegar al destino feliz, dichoso y arreglado, basta con llegar y que cada uno llegue a su paso.